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jueves, 23 de abril de 2015

NICODEMO, UN HOMBRE ADMIRADOR DE JESÚS


       Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.  JUAN 3:1-2



JESÚS Y NICODEMO
      En estas frases de Juan, se aprecia la escena de la reunión entre Nicodemo y el Señor Jesús, notamos como él llega de noche, a la luz posiblemente de las estrellas y de la luna o de una fuerte nube que lo hacía todo oscuro. En ese tiempo no había la luz eléctrica como hoy, notamos en algunos pasajes de la Biblia que muchas veces las personas a las cuatro de la tarde ya no se atrevían a transitar por el acercamiento de la noche. La noche era símbolo de mortandad, de cosas inescrutables y no deseadas, en latinoamérica se han dedicado leyendas a los que transitan por la noche. ¿Pero será acaso que Nicodemo no lo hacía de día por alguna razón? ¿quizá la razón era que de noche no se distinguían bien a las personas, y esta era una oportunidad para lograr pasar de incógnito? ¿Será ese grado de incógnito que perseguía Nicodemo? ¿o será la vergüenza o el que dirán de los demás?. Así es a veces, la gente sigue a Jesús a escondidas.
    
     Conversé con un chófer de taxi, que cuando entré en su carro, escuché un hermoso mensaje evangelístico, le pregunté: ¿Es usted evangélico? él me dijo un gran:¡NO!, pero me ENCANTA escucharlo. Así las personas siguen a Jesús de noche a escondidas, cuando nadie los ve, nadie debe saberlo, y a escondidas Nicodemo alabó a Jesús y le dijo RABÍ. Esta palabra denota señorío, equivalía a ser el maestro, el dotado, el ilustrísimo, el alabado.  Notamos que habla en nombre de otros, también cuando dice: "Sabemos que has venido de Dios". Mucha gente sabe quién es Jesús, que es el Hijo de Dios, pero solamente lo sabe y no lo acepta como el Señor de su vida, aquel que gobierna su alma, su mente y su corazón. Muchos saben quién es Jesús, aún el Centurión dijo: "Verdaderamente este era el Hijo de Dios", pero no se convirtió, ni se arrepintió.
     
      Nicodemo sabía que Jesús había venido de Dios, pero no se convirtió, vino con su solemnidad, lo alabó dulcemente, como dice en Proverbios, sus palabras dulces lo quisieron embaucar. No podemos engañas a Dios, con palabras dulces, no le podemos embaucar, a Dios no podemos decirle lisonjas y esperar que él caiga en nuestra redes. Luego habló de las señales, y él las había observado, reconoció que solamente uno que viene directamente de Dios las puede hacer, y ese era Jesús. Cuantas veces buscamos a Jesús el milagrero, y cuando nos falla nos vamos con otro milagrero, y vamos pasando de milagrero en milagrero y nunca vemos lo que hay detrás de las señales. La gente busca las señales que los vislumbre, busca el destello pero no el fuego o la fuente de donde viene , busca la chispa pero no busca la llama.

   Estas palabras de Nicodemo nos hace pensar que existen personas respetuosas con Jesús, reconocen que él es el maestro, lo reconocen como un gran filósofo, un político, un rabí, un hombre bueno, pero JAMÁS están dispuestos a que él sea el Señor de sus vidas. Si supieran que tan fácil es Jesús, nuestro Salvador, cuando nos dejamos en sus brazos y lo abrazamos como nuestro Señor y Salvador para descansar en él. Jesús dijo:"Venid a mi todos los que estén cansados y cargados y yo os haré descansar"... ¡CRÉELO!

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